El dilema de Adriana


Miércoles, Junio 21, 2017

Os propongo un juego, leed con atención el siguiente texto: 

Adriana acaba de independizarse y está empezando su carrera como modelo profesional. Tiene ciertas dificultades económicas para pagar el alquiler de su casa y necesita conseguir un proyecto con carácter urgente.

De repente aparecen dos oportunidades. Alberto, un amigo suyo, le pone en contacto con un conocido que busca una modelo para un catálogo de lencería. Aunque la idea no le seduce, finalmente se decide a visitar la agencia y se da encuentro con Fabio, el conocido de Alberto. Fabio le hace una oferta tentadora, y propone a Adriana salir a cenar esa noche. Ella acepta por el interés de conseguir el trabajo, pero al finalizar la cena, Fabio le invita a tomar una copa en su casa. Ella imagina sus intenciones y amablemente rechaza la invitación, ante lo que su acompañante, enfadado, contesta que él nunca contrata a una modelo sin saber qué puede ofrecer.

Al día siguiente, Adriana llama a Alberto y le cuenta lo sucedido. Él le dice que qué esperaba; que en ese mundo las cosas funcionan así, y que debía haber aceptado. Terminada la conversación, recibe una llamada de Alejandro, su casero, reclamándole las tres últimas mensualidades. Ante las explicaciones que le da la chica, el casero se muestra firme y le comunica que en una semana pondrá una denuncia para desalojar el apartamento.

Adriana está bastante contrariada con los últimos acontecimientos, pero todavía tiene otra oportunidad. Le habían llamado de otra agencia, pero cuando llega, el trabajo ya está adjudicado.

Desesperada, llama a Martina, una de sus amigas con mayor nivel económico para solicitarle un préstamo. Martina le comenta que tiene por costumbre no prestar dinero, y que siente mucho no poder ayudarla.

Ante la situación, se decide a llamar a Fabio, quién después de acostarse con ella, le da el trabajo. Cuando se lo cuenta a Alberto, él la felicita, aunque le dice que, en cualquier caso, él podría haberle prestado el dinero si hubiera conocido su situación.


Este texto que acabáis de leer fue un trabajo de análisis en un congreso de trabajo al que tuve la fortuna de acudir. El ejercicio, una vez leída y analizada la historia, consistió en que cada uno de nosotros marcara los culpables de la situación de Adriana en orden de mayor a menor según la culpabilidad que achacáramos a cada uno de ellos.

Así pues, el trabajo consistía en ordenar a los personajes, Adriana, Alberto, Fabio, Alejandro y Martina, de mayor a menor grado de culpabilidad según lo que creyéramos y después defender nuestra lista ante los demás.

La verdad es que me pareció un buen ejercicio, no tanto para uno mismo, pero sí para observar que cada uno de nosotros valora diferente una misma situación, ver como los valores personales son eso mismo, personales, y cada individuo tiene los suyos (a no ser que seas Groucho Marx, por supuesto).

Ahora os invito a hacer lo mismo en este foro y que digáis la vuestra, ¿quién es el culpable del dilema de Adriana y por qué? 

Gentes de Venezuela


Sábado, Mayo 6, 2017

Rescato estas palabras del muro de Facebook de mi querida y admirada amiga Blanca Miosi. Para todos aquellos que vivimos la desgracia venezolana desde lejos, y que además vivimos en países de acogida de las gentes venezolanas, creo que es de obligada lectura.


A los venezolanos y a los extranjeros que tienen venezolanos en sus países:

Vine a este país, Venezuela, hace muchos años, cuando ya Velazco Alvarado había fallecido y estaba temporalmente en el gobierno el general Morales Bermúdez. No recuerdo que en aquella época hubiera marchas de protestas tan sangrientas como las que hoy en día hay en Venezuela, a pesar de que la carestía era grave, las expropiaciones, y la persecución a los opositores. Estuve en el Perú durante toda la dictadura de Velazco, por eso sé cómo fue desde que empezó. En 1977 tuve la oportunidad de venir a Venezuela y me radiqué en este país, en el que fui acogida como una venezolana más. 

Venezuela es un país que ha tenido y sigue teniendo los brazos abiertos para todos los inmigrantes, sean peruanos, argentinos, chilenos, ecuatorianos, colombianos, portugueses, italianos, griegos… gente de cualquier país y de cualquier religión integra una sociedad en la que ningún inmigrante es tratado con desprecio o con odio, creo que es simplemente porque el venezolano es una persona amable por naturaleza, su misma forma de hablar lo indica: tutea a cercanos y extraños, sin importar la clase social, o el puesto que tengan, los mesoneros te dicen “mi amor”, y cualquier desconocido se toma el trabajo de escucharte con paciencia la pregunta que desees hacer (otra cosa es que te den la respuesta correcta), pero siempre la amabilidad es la característica principal. Los conductores dan pase a los ancianos y a los niños, no te lanzan el coche ni tienes que hacer malabarismos para cruzar una calle, y en la época en la que llegué, era muy cotidiano que fueras a casa de cualquiera si había una fiesta y te daban de comer, te divertías y hasta podías quedarte a dormir siendo una perfecta desconocida. 

Este fue el país que me dio la oportunidad de hacer mi sueño realidad: tener un taller de alta costura durante más de veinte años, pero los sueños no siempre son los mismos, y menos cuando las circunstancias van cambiando. Hoy ya no tengo más el taller y me dedico a escribir. ¡Quién lo diría! Hoy las circunstancias han cambiado, y como dijo José Ortega y Gaset, soy yo y mis circunstancias. Y esto es extendible para todos.

Venezuela no es más el país tranquilo y amable que conocí, porque sus gobernantes han traído el caos. Sin embargo la gente lo sigue siendo. Pero el venezolano a pesar de ser tranquilo y amable, tiene una fuerza interior que lo hace un luchador donde sea que se encuentre. En el Perú Velazco decretó que el dólar era ilegal y por tanto había que entregarlo a los bancos, expropió muchos fundos e industrias, y mantuvo al Perú sumido en la escasez y en la miseria, pero nunca vi marchas ni protestas en las calles como aquí, en la que a diario pierden la vida jóvenes, quienes son los más propensos a dejarse llevar por sus pasiones; pero también veo mujeres, viejos, ancianos, yendo a marchar por una Venezuela libre, enfrentándose a tanquetas, bombas de gas lacrimógeno, perdigones y balas de las tropas de asalto del gobierno que pasean impunes vestidos de civil en motos por todas las calles de Venezuela.

Hoy Venezuela es otra pero su gente es la misma. Y esa gente que nunca quiso salir de su país, porque Venezuela no era un país de inmigrantes, ahora necesita la ayuda y la comprensión de los países hermanos. Sin embargo no todos lo entienden así. La mayoría se siente invadida y teme por su seguridad y la de los suyos. Es normal. Hoy ya no es ayer. Hoy las necesidades de los países se han acrecentado. Hoy hay demasiados inmigrantes en todo el mundo. Estoy segura de que si este gobierno se va del poder, muchos venezolanos regresarían a su patria y dejarían de “molestar” en otros países.

Sé que he despertado la sensibilidad de muchas personas al publicar mi post anterior, en donde decía que en Perú los inmigrantes venezolanos no eran bienvenidos. Lo dije porque leí los comentarios que dejó gran parte de la audiencia en un programa en donde se hablaba del problema. LOS COMENTARIOS, no lo que hablaban el moderador del programa y la entrevistada, que dicho sea de paso es mi sobrina y como buena venezolana está sacando la cara por los inmigrantes, indicándoles cómo es el proceso para estar legales en un país que les dio acogida. Por supuesto que sé que el presidente Pedro Pablo Kuczynski decretó un carnet de residente a los venezolanos y a cualquier extranjero que llegara al Perú bajo ciertas condiciones legales. Pero una cosa es un presidente y otra los habitantes de un país.

Sé que mi post ofendió a algunos peruanos que de inmediato saltaron a decir cosas como que yo tenía resentimiento social por ser hija de japonés. No sé a qué se quiso referir el señor Pedro Moyano exactamente, pero le aclaro que me siento bien tal como soy y nunca he tenido problemas por cuestión de razas o religiones. La prueba es que me casé con un polaco.

Bueno, amigos, reitero mi agradecimiento y mi admiración al pueblo venezolano, luchador, con guáramos, que se lanza a las calles a enfrentar a un dictadura que tiene todo el poder, y también el poder militar de los cubanos que van llegando a diario a Venezuela, porque así es. Llegan aviones a muchos aeropuertos militares con comandos y soldados cubanos justo ahora.

Paga lo que quieras por estos thrillers y decide adónde va tu dinero


Sábado, Abril 22, 2017

Se lanza un pack de ebooks de acción, aventura e intriga (thrillers) en el que el lector decide cuánto paga y qué porcentaje llega a los autores

El servicio de recomendación de libros electrónicos en español Ebrolis.com ha lanzado un nuevo producto al mercado con el que el usuario paga lo que quiere por un pack de libros electrónicos de un género en particular. Además, el lector decide qué parte del dinero de su compra se queda el autor del libro, cuánto recibe una ONG y cuánto se lleva la empresa Ebrolis.


Ebrolis acaba de lanzar, en esta modalidad “paga lo que quieras” un pack de 11 ebooks de acción, aventura e intriga, es decir, thrillers (https://www.ebrolis.com/pack-thriller?orig=aut_JorDi). Los libros seleccionados son de autores independientes de renombre que han obtenido el apoyo de la crítica especializada y del público. Si el usuario compra el pack inicial de 5 libros y decide pagar más que el promedio obtiene otros 6 ebooks de regalo, consiguiendo un total de 11 novelas, una de ellas en formato cómic. Este producto deja en manos de la audiencia la decisión de cuánto dinero desea pagar por la obra de los autores y permite descubrir escritores nuevos a bajo precio.

Para todos los dispositivos y sin DRM

Los libros del pack llegan en un email en formato PDF, EPUB y MOBI, por lo que pueden ser leídos en cualquier dispositivo -tablet, PC, teléfono, Kindle y otros e-readers-. Además, ninguno de los libros está protegido por la tecnología DRM, tradicionalmente utilizada por editoriales para limitar el uso de medios o dispositivos digitales. “No creemos que la tecnología DRM sea un método efectivo contra la piratería”, afirma Cristian Perfumo, fundador de Ebrolis. “Dejar que cada uno pague lo que considera justo por el pack de libros nos asegura que todo el mundo tiene acceso a esta oferta y es un voto de confianza hacia los lectores”, añade Perfumo.

Pionero en el mundo hispanohablante


Ebrolis fue la primera empresa en implementar este modelo de venta de libros en el mundo editorial en español, pero se trata de una modalidad ya afianzada en el mercado de los libros en inglés. Empresas como Humble Bundle llevan vendidos millones de libros y videojuegos dejando decidir al usuario cuánto paga por ellos.

Ayuda a una causa

En este pack de thrillers, el porcentaje que cada lector decida irá a ayudar a la reconstrucción de la ciudad de Comodoro Rivadavia, Comodoro Rivadavia, Argentina (de donde son los fundadores de Ebrolis), después del desastre meteorológico que destrozó a la ciudad y afectó a miles de personas (http://www.infobae.com/sociedad/2017/03/31/el-temporal-en-chubut-no-da-tregua-y-comodoro-rivadavia-sigue-bajo-el-agua/). La donación será gestionada a través del Club de Leones de Puerto Deseado.

Los lectores tienen hasta el 15 de abril para adquirir el pack de Thrillers (https://www.ebrolis.com/pack-thriller), en el que se incluyen las siguientes novelas:

● El secreto de Boca Verde, de Alberto M. Caliani
● El búnker de Noé, de Gabri Rodenas
● Cazador de farsantes, de Cristian Perfumo
● El escultor de cadáveres, de César García Muñoz
● En el cuarto frío, de E. Robinson

Si el usuario paga tan sólo un céntimo más que la media de los pagos en el momento de hacer su compra obtiene también los siguientes cinco libros más un cómic, marcados como bonus:

● El manzano torcido, de E. Robinson
● La mirada de piedra, de Jorge Magano
El péndulo de Dios, de Jordi Diez
● El mundo rojo y el cuarto jinete, de Jose Callado
● El llanto de la Isla de Pascua, de José Vicente Alfaro
● Rabia del sur (cómic), de Marcos Cañada y Francisco Javier Villalba

Lecturas amazónicas


Martes, Abril 11, 2017

Hoy es uno de esos días en los que uno se siente agradecido, uno de esos momentos en los que merece la pena echar un vistazo atrás y alegrarse de haber tenido la fortuna de poder participar con Blanca Miosi y Freddy Piedrahíta en el programa La hora amazónica con las reseñas de algunos de los libros que he leído.

Y digo esto porque además de los buenos momentos que me genera el confeccionar esos espacios de Lecturas amazónicas, hoy me ha dado por contar las descargas de esta sección dentro del programa de Blanca en las diferentes plataformas en las que se encuentra activa y he visto, con sorpresa y gran felicidad, que son más de 25.000 las escuchas de las reseñas de mis lecturas. 

De verdad que jamás pensé que llegaría, que llegaríamos, a cifras así, que un proyecto como el que parió el polifacético Freddy Piedrahíta alcanzaría la barbaridad de más de cien mil escuchas, que los programas de radio que hacemos entre cuatro aficionados con más ganas que medios y conocimiento conseguiría cifras de cinco y seis dígitos, audiencias a las que muy pocos programas emitidos únicamente por Internet llegan, y por eso me siento agradecido y orgulloso de participar en este proyecto.

No sé cuánto más dure, ni cuántas más reseñas sea capaz de locutar, pero hoy no es el día de plantearse nada de eso, hoy es el día de daros las ¡GRACIAS! en mayúsculas, a grito tendido, agradecer a los oyentes de Radio Voces Unidas, a los oyentes de La hora amazónica, y muy en especial a los que seguís la sección Lecturas amazónicas:

¡GRACIAS, MUCHAS, MUCHAS GRACIAS!


RADIO VOCES UNIDAS - LINK

EL RINCON DE LAS ARTES, con Katia N. Barillas - LINK

LA HORA ROMÁNTICA, con Cecilia Pérez - LINK

LA HORA AMAZÓNICA, con Blanca Miosi - LINK 

LECTURAS AMAZÓNICAS - LINK

El año que abracé a Rafael Nadal


Lunes, Enero 30, 2017

Hace aproximadamente cinco años, el tenista mallorquín Rafael Nadal, que había sido campeón en 2009, acababa de perder su primera final del Open de Australia contra el serbio Novak Djokovic en lo que fue considerado como uno de los mejores partidos de todos los tiempos.

Por aquel entonces el tenista de Manacor vino a la isla para un acto de promoción publicitaria con la empresa en la que trabajo desde hace una década. La figura mundial se alojó entonces en la villa que tiene Julio Iglesias en la zona costera de Punta Cana, y yo tuve el privilegio de ser el encargado de acompañarlo a él y a su séquito desde allí hasta el lugar en el que tendría lugar el acto publicitario. Dos horas largas de carretera con el astro junto al que todo el mundo quería fotografiarse.

Recuerdo que justo la noche antes de que tuviera que hacerles de guía me lo encontré de casualidad cenando en un restaurante de la zona. Él estaba con un grupo de amigos y la gente del restaurante, los clientes, y todo alma que pasara por allí, se levantaba y acercaba a su mesa para hacerse fotos. Nadal, interrumpido docenas de veces, no dejó de sonreír y de tomarse las fotos con todos lo que hasta él se acercaron. Mientras, sentado a pocas mesas de distancia, yo observaba la situación con cierta sorpresa, pues si hubiera sido mi menda a quien hubieran interrumpido de aquella forma, creo que habría sacado la raqueta (que seguro lleva siempre una encima a pesar de que no se la vi) y hubiera comenzado a repartir drives y reveses entre los asistentes como en una final de gran Slam. Sin embargo él no lo hizo, aguantó estoicamente y cuando llegó el momento de marchar se fue entre gritos de “Rafa, Rafa”.

No acostumbro a hablar de mi trabajo. No me gusta vincular mi faceta profesional, ni la imagen de la empresa a la que represento, con mis ideas personales ni con mis escritos o posicionamientos políticos, pues son dos ámbitos de mi vida totalmente diferentes, pero aquel inicio de año de 2012 fue especial porque sentí el peso y el orgullo de ser el escogido para representar a la corporación ante la figura de Rafael Nadal. 

Llegué pronto a la villa de Julio Iglesias a bordo de un pequeño autocar con espacio para los pasajeros y sus pertenencias, pues me habían avisado que después del acto se marcharían directamente a Miami a jugar el Open en Key Biscane. Durante buena parte del tiempo albergué la ilusión de encontrarme a Julio Iglesias bajando en batín a lo Hugh Hefner para despedir a la comitiva, pero en su lugar apareció un mayordomo a quien vi años más tarde en TV presentando un libro de memorias, por no decir vergüenzas, del propio Julio Iglesias sin permiso de éste. Tras él, comenzaron a aparecer chicos jóvenes, los mismos con quien había visto a Rafael Nadal en la cena, que se fueron despidiendo del mayordomo de la familia Iglesias y fueron entrando en el bus por indicaciones mías. Al final llegó Nadal con una chica, su novia, y una señora, su madre, y se unieron al grupo.

El viaje había de durar un par de horas y enseguida comprendí porque había sido escogido para hacerles de guía, ya que todo el grupo hablaba en catalán. Apenas me percaté de esa feliz coincidencia, los saludé con un “bon dia”, y arrancamos. 

Recuerdo que hablamos de muchas cosas, me preguntaron por temas del país, costumbres, curiosidades, sorprendidos de lo que iban viendo por la ventana del autocar, cosas como ir cuatro o cinco personas en una moto, o el desorden infinito que supone cruzar un pueblo, y combinaban sus preguntas sobre República Dominicana con temas de actualidad y con preguntas a mí misma condición, qué hacía allí, o cómo había llegado, cosas muy habituales cuando te encuentras con gente de tu país. Aquel domingo jugaba el Barça contra el Sporting de Gijón, que hacía poco había fichado a Javier Clemente como entrenador, y el tema de conversación se desvió hacia el bendito fútbol. Rafael Nadal hizo un comentario sobre lo bien que le había caído Javier Clemente cuando lo conoció y sus amigos le recriminaron, entre risas, que él no tenía criterio para catalogar a nadie pues todo el mundo era amable con él por ser quien era. Ahí me atreví y le pregunté algo que me abrasaba la garganta, “¿cómo un deportista de su nivel podía ser del Real Madrid?”, lo solté tal y como me vino a la cabeza, y las risas inundaron el bus. ¡Hasta aquí te lo tienen que decir!, gritaban su entrenador, su fisio, y los demás que lo acompañaban. Vale decir que Nadal no me contestó, y se limitó a sonreír con franqueza.

Poco a poco nos fuimos acercando al punto de destino donde habían preparado un recibimiento al más puro estilo de Bienvenido Mister Marshall, algo que por otra parte era totalmente normal si tenemos en cuenta la importancia del personaje. El bus fue entrando al recinto residencial, y cuando Nadal vio el panorama se levantó, se cambió la camiseta usada que llevaba por un polo de la marca correcta, vino a la parte delantera del vehículo y me pidió que no me parara, que siguiera adelante. Sorprendido, di las instrucciones al chófer y el autocar pasó de largo unos cincuenta metros de la zona preparada para su recibimiento, “prefiero que no esté mi familia”, me aclaró abarcando con los brazos a todos los que iban en el autocar. Paramos, bajé delante y él me siguió. La comitiva de recibimiento, aturdida en un inicio por el hecho de que no hubiéramos parado frente al lugar donde lo esperaban, arrancó con fanfarria y baile, ni cortos ni perezosos, en dirección al bus, de modo que cuando bajó Rafael Nadal con su uniforme correcto, la comitiva casi estaba encima del autocar. Nadal, cuando estuvo seguro de que los flashes no alcanzarían a su familia, se encaminó hacia ellos entre vítores de los asistentes. Sin embargo, cuando estaba apenas a un par de metros de los patrocinadores, los músicos, los bailarines y la prensa, y ya estaba a tocar de los brazos abiertos y las manos tendidas que lo esperaban, Rafael Nadal se dio la vuelta y vino de nuevo hacia mí. Me pidió que bajara del bus, me abrazó y me dio las gracias.

No sé porque lo hizo, la verdad, pues su acto me dejó de piedra, pero sólo sé que después de abrazar a aquella persona de acero puro, me sentí en el derecho de no volver a llamarlo Rafa nunca más, y sí Rafel, que es como lo conocen en realidad todos sus amigos. Ya sé que no soy su amigo, no lo he vuelto a ver, ni creo que lo haga jamás, pero aquel chico no tenía ninguna necesidad de reconocer mi trabajo, y aún así lo hizo. Aquel muchacho no tenía por qué aguantar bromas de un desconocido, y no sólo las aguantó sino que participó en ellas, ni aguantar a un montón de gente que lo interrumpiera hasta el agotamiento mientras cenaba con sus amigos. Aquel chico, que se había sentado al final del bus entre su madre y su novia, y a quien ambas lo habían reprendido un par de veces por comentarios jocosos, tuvo su último gesto de normalidad apenas un segundo antes de convertirse en la gran súper figura mundial que todo el mundo esperaba. 

Al regresar hacia la comitiva, el Rafa figura se comió a Rafel persona, y metamorfoseado en súper figura mundial recibió de golpe miles de impactos de flash, elogios, gritos, fotos con y de los presentes (yo no me hice una foto con él, ni me la haría jamás en ese contexto), y aguantó con una profesionalidad increíble todo el acto publicitario. Recuerdo también que destacó las maravillas del país y dejó ir alguna de las cosas que habíamos comentado durante el trayecto. Cuando acabó, se fue con los patrocinadores a almorzar y yo me fui al buffet. Allí me encontré a su madre y su novia, que me reconocieron y me alentaron a compartir el almuerzo con ellas. 

De esto hace cinco años, y desde entonces sólo lo he visto, como es normal, por TV.  Como hoy, que le he visto perder de nuevo contra otro gran campeón en la misma cita, el Open de Australia, y cuyo recuerdo me ha llevado a hacer pública esta historia, pues me hubiera gustado muchísimo que alguien como él hubiera conseguido ese éxito, uno más que añadir a sus otros triunfos entre los que me atrevo a destacar la capacidad inmensa de ser Rafel y Rafa en una misma buena persona.



La tristeza de los ángeles, Jón Kalman Stefánsson


Martes, Diciembre 20, 2016

Recuerdo que la vi la última vez que estuve en Barcelona, en un estante, con su portada blanca y su banda roja cruzándola como el paralelo 19 hace con la isla de la Hispaniola, entonces su título me llamó la atención, La tristeza de los ángeles, de Jón Kalman Stefánsson, un autor islandés del que no había oído hablar en mi vida, aliciente suficiente para echarla a la bolsa con la sensación de portar un tesoro. Y así ha sido, porque es una de las mejores novelas que he leído en mi vida.

Albert Salvadó: Si yo volviese a nacer...


Viernes, Noviembre 18, 2016

Este año, con motivo del 70º aniversario de trabajo en favor de los niños, UNICEF ha invitado a escritores de todo el mundo a escribir una historia breve sobre el tema: “Mis deseos para cada niño”. Más de 200 autores han respondido a esa petición y han dado forma a su visión de un mundo en el que todo los niños gocen del derecho a sobrevivir y salir adelante, de aprender y de crecer sanos y a salvo del peligro, y tengo el orgullo de ser amigo de uno de ellos, del escritor andorrano Albert Salvadó, cuyo escrito ha sido escogido por el editor del proyecto para formar parte de esta magnífica iniciativa. 


Albert Salvadó:
Si yo volviese a nacer...
...Si yo volviera a nacer, os agradecería que tengáis presente que soy algo más que una simple pieza que hay que moldear para ajustarla al gran engranaje de la sociedad.
...Si yo volviese a nacer, os rogaría que no me atiborréis de conocimientos, sino que me eduquéis en la observación, en la atención y en el sentimiento, porque nací para crear.
...Si yo volviera a nacer, os recordaría que soy yo quien ha decidido venir, y no vosotros quienes habéis ido a buscarme.
...Si yo volviese a nacer, os pediría que afloréis lo mejor que hay en mí, y no sembréis la rabia, la tristeza y el infortunio que son el fiel reflejo de vuestras frustraciones.
...Si yo volviera a nacer, os diría que he venido para vivir en plena libertad, y no como un ser mecánico que sigue ciegamente consignas políticas, dogmas religiosos o leyes de mercado.
...Si yo volviese a nacer, os exigiría que no me trasladéis vuestra infelicidad, sino que os la quedéis para vosotros porque no habéis entendido qué habéis venido a hacer.
...Sin embargo, como no volveré a nacer, todo esto me lo aplico a mí mismo, porque he creado una falsa imagen que me impide ver que había venido para vivir en libertad pero la olvidé en algún rincón del camino.

Selección del editor

Estimat amic, moltes felicitats. Ens omples d'orgull de saber-nos amics teus.

Anacaona y Caonabó, una historia maravillosa


Domingo, Octubre 30, 2016

"Anacaona y Caonabo", Enrique Royo 
Si todo va bien, como parece que así es, en pocos meses saldrá a la luz mi última novela. 

Aquellos amigos con los que compartimos redes sociales es muy probable que ya sepáis, más o menos, de qué trata esta historia, pero en realidad si no contamos con algunos retazos, frases sueltas, fotos con más o menos acierto y pistas vagas, no he explicado a casi nadie de qué trata esta novela. Sí tuve la necesidad de decir, apenas acabada la novela, que era la más dura que jamás había escrito y probablemente también la más dura que jamás escribiré, porque en esta novela se ha conjurado el maldito milagro de que un cobarde como yo escriba la historia de uno de los hombres más valientes que han poblado la isla que me acoge desde hace diez años.

Un día, por casualidad bañándome en las aguas de playa Rincón, intenté imaginar qué habrían sentido los primeros europeos al llegar a la isla que hoy ocupa República Dominicana, cómo se habrían quedado al ver la belleza sobrenatural de nuestros paisajes, la hermosura de las costas, la fuerza de los colores, los olores, las formas tan infinitamente diferentes a las de Europa. Pensé entonces que si nosotros, los inmigrantes actuales, ya sufríamos un espasmo en los sentidos al acaparar tanta belleza de golpe, aun conociendo lo que nos espera por fotos y referencias, qué habría sido para aquellos hombres que en los albores del siglo XVI se acercaron a unas tierras vírgenes, ricas y plenas como éstas. No pude dejar de imaginar la visión del Edén para aquellos aventureros allende los mares.

Pero también pensé inmediatamente qué habrían sentido los habitantes de este paraíso al ver a aquellos tipos barbudos, gritones, rudos y vestidos de maneras tan ridículas como poco apropiadas para el clima tropical. Qué sentirían al ver llegar sus barcos, sus animales, sus armas, sus maneras bruscas de hacerse con todo, y de la misma forma que imaginé que esto pudiera ser el Edén para los recién llegados, pensé también que para los infelices habitantes de estas tierras de aguas turquesas y verdes intensos, la llegada de los europeos hubo de ser lo más parecido a una invasión alienígena en nuestros días.

Poco a poco el “curcó”, la polilla de la curiosidad se fue instalando en mi imaginario, comencé a leer, a investigar, a buscar hasta que me di de bruces con varias realidades que me abdujeron sin remedio. Una de ellas fue que una amiga me hablara, sin saber lo que ya había en mi cabeza, de fray Raimón Paner, un ermitaño del monasterio de la Murtra, en Barcelona, que vino con Cristóbal Colón en su segundo viaje y que fue el primer antropólogo, por decirlo de alguna forma, que convivió y estudió a los taínos. Después vino el conocimiento, la investigación, el darme de bruces con unos personajes de una fuerza brutal, con unas historias que me dejaron varias noches sin dormir, con unas vidas que se vieron truncadas, con una historia de amor que se rompió en la noche de los tiempos por la violencia y la necesidad de supervivencia.  Fue entonces cuando conocí a Anacaona, la última princesa del Caribe, y cuyo nombre significa, literalmente, Flor de Oro, y al que fue su esposo, Caonabó, el guerrero, el hombre cuyo nombre significa el Señor de la Casa del Oro, y a quien Alonso de Ojeda “engañó” haciéndole poner unos grilletes como si fueran un gran regalo.

Vinieron entonces las preguntas, las dudas sobre si la historia pudo ser cómo nos la han contado, o  no, y sencillamente no creí, como no creo, que una sociedad capaz de hacer las más extraordinarias piezas de artesanía se volviera loca al ver espejitos como si fueran imbéciles. No creí que un hombre, un guerrero capaz de vencer a tribus caribes, de enfrentarse a los conquistadores, de una fuerza descomunal que hacía temblar a sus enemigos con la sola mención de su nombre, se pusiera unos grilletes de metal entregados por aquellos que mataban a los suyos y encima lo considerara un regalo. Pensé que ni siquiera un niño se pondría unos grilletes sucios, con una cadena unida a cuatro argollas para atar sus muñecas y tobillos, y más aún si ese “regalo” venía de las manos de alguien con quien pocas semanas atrás había combatido en una batalla cuerpo a cuerpo.

Y fue en ese momento cuando a fuerza de preguntarme, de documentarme, de imaginar, de querer saber, las voces comenzaron a hablarme, a no dejarme dormir, a colarse en cada descanso, a explicarme sus vidas, sus historias, la verdad de lo que ocurrió, su verdad. Una historia que no me dejó vivir hasta que la plasmé en la que ha de ser, si todo va bien, mi tercera novela, la más dura que jamás he escrito y probablemente la más dura que jamás escribiré, y que se fue dejando un vacío mayúsculo en mi alma y un temblor de vértigo en mi corazón.

Una de las pocas personas que la ha leído es mi compañera, la verdadera dueña de la casa del oro, y sus palabras no pudieron ser más alentadoras. También ella se vio cautivada, no por mi capacidad escritora, más bien justa, sino por la inmensa historia que he tenido el honor de contar y que hoy ha llegado en forma de obra de arte de la mano del artista Enrique Royo. Muchas gracias a ella por tan inmenso regalo que me ha llegado al alma.

Gente Rara


Domingo, Octubre 23, 2016

Libretería es una página dedicada a autores, libros y cosas de esas en la que tengo la infinita fortuna de participar, y en la que hoy se publica un texto que preparé hace unos días para la sección "A mi manera", un espacio creado por Pedro Araque para que los escritores podamos explicar lo que más nos plazca abusando de su hospitalidad. Transcribo aquí el texto del artículo, pero si queréis leerlo en la versión original cargada en Libreteria.com podéis pulsar en el enlace: https://libreteria.com/A-mi-manera-Gente-rara/

Gente Rara

No acostumbro a hablar casi nunca en los vuelos. No me gusta hablar de mis cosas, y en las conversaciones triviales nunca me he manejado bien. Me atasco, no tengo capacidad de demostrar interés por lo que no me lo genera y paso un mal rato poniendo caras de imbécil en los largos e incómodos silencios que se generan con mi falta de atención. No soy, con toda sinceridad y por decirlo de una forma políticamente correcta, un buen compañero de viaje. Tras muchos años de volar y transitar por diferentes aeropuertos he desarrollado una técnica infalible que me permite observar todo lo que pasa a mi alrededor, en muchos los casos incluso inventar historias sobre los transeúntes o imaginar aventuras desenfrenadas con ellos sin que nadie se me acerque, y que no es otra que llevar siempre unos auriculares en mis oídos aun cuando en la mayoría de los casos estén desconectados.

Así, hace unos meses, realicé un vuelo de Panamá a Chile en uno de esos aviones terribles en los que la configuración obliga, cuando el vuelo va lleno, a compartir una fila de dos asientos con otra persona. Si tienes la suerte de que te toque en medio, en una fila de cuatro asientos, y además en uno de los dos extremos, puedes eludir bastante bien la conversación porque si tu compañero no ve demasiado interés en ti siempre puede girar la cabeza en dirección opuesta y taladrar con sus muchos e interesantes pensamientos a la pobre alma cándida que no ponga la misma cara de perro que un servidor. Pero si te toca en una fila con dos asientos y encima en un vuelo de más de ocho horas, ¡ay amigo!, las posibilidades de salir indemne se reducen de forma peligrosísima.

Esto me ocurrió en el vuelo al que hacía referencia. Un señor de edad comprendida entre los cincuenta y muchos y los sesenta y pocos se sentó a mi lado. Yo en la ventana, otro error, y él en el pasillo, circunstancia que solventé apenas mi castigado culo tocó la ajada tela de la tapicería de Copa Airlines desplegando un libro sobre mis piernas y asegurándome los auriculares en los oídos, pues por experiencia sabía que aquel hombre, sin más distracción que mirar a su alrededor, aprovecharía la mínima rendija para preguntarme cualquier estupidez que diera paso a una conversación. La táctica funcionó hasta el primer almuerzo a bordo cuando, y aprovechando mi atención a las preguntas de la azafata, el hombre aprovechó para meter baza y atacar.

—¿Es usted chileno? —me preguntó.

Con la mejor de mis sonrisas negué e hice ver que me sumía en mi lectura de nuevo, pero el hombre no se dejó amedrentar y cuando me ayudó a pasar la bandeja de comida vegetariana, previamente masticada y regurgitada por todo el staff de la compañía de catering, que me tendía la azafata, se vio con fuerzas para explicarme que él sí era chileno y que vivía en New York. Sin tiempo entonces ni para respirar, me hizo la confidencia inmediata de que estaba extremadamente agradecido a la hospitalidad estadounidense y que gracias a ellos, y a la infinita oportunidad que le habían dado, había podido sacar a su familia adelante con un carrito de salchichas frente a Central Park.

Me explicó la dureza de verse apartado de su tierra, de sus orígenes, de su familia, de sus amigos, lo terrible de la adaptación, la dificultad de encontrar un lugar en el que sentirse cómodo en tierra extraña, de hacer amigos, y yo le hice saber que también era inmigrante, un catalán en lares caribeños por cerca de una década, así que entendía muy bien lo que me estaba explicando. “No siempre has de ser un gilipollas estúpido con la gente”, pensé, y seguimos conversando al ritmo cansino de abrir y cerrar bandejas de comida asquerosa. Me reconoció el señor que a pesar de estar muy agradecido, de haber conseguido que sus hijos estudiaran, de haber podido enviar dinero a la familia en Santiago, de haber salido adelante, e incluso a pesar de haber conseguido un seguro médico excepcional, no había logrado adaptarse nunca a la vida de los Estados Unidos, y que por eso había intentado por todos los medios mantener sus raíces, sus costumbres chilenas, su idioma, sus comidas, sus tiempos, “viviendo a mi manera en la gran manzana”, remató. Aplaudí su decisión y supuse que estaba feliz por viajar a Santiago a ver su familia. Me hizo saber que sí, pero me confesó que la intención oculta de ese viaje era comprar una casa en Santiago para poderse retirar cuando dejara el carrito de HotDog, ¡el sueño de cualquier inmigrante!, reconocí. Lo felicité, claro, y me vi reflejado en su alegría por la inminencia del regreso a casa tras muchos años de vida en el extranjero.

—Pero ocurre una cosa que me haced dudar, sabe usted —me dijo. —Algo que hace que Santiago ya no sea como antes.
—Caramba —le respondí con no demasiado fingido interés — ¿y qué es eso que ocurre en Santiago?
—Se ha llenado de gente extraña.
—¿Extraña? —dije desconcertado.
—Sí. Gente rara, de color —susurró a mi oído tensando el cinturón de seguridad que lo mantenía atado a la silla.
—¿De qué color? —pregunté.
—¡Negros!
—¿Y qué tienen de extraño los negros? —inquirí.
—¡Hombre, cómo me pregunta eso! No se adaptan, no comprenden las costumbres chilenas, no comprenden que ya no están en su país y quieren cambiar el nuestro. No se adaptan, no entienden, y a pesar de haberlos acogido sólo quieren hacer las cosas a su manera.

Con un rictus de rabia inmensa por haber cedido al buenismo de las costumbres y haber sucumbido a la charla con aquel impresentable, le expliqué que yo tenía tres hijos, uno blanco, uno negro y otro muy negro, y que preferiría que no volviera a dirigirme la palabra nunca más, incluso si alguna vez cometía el infinito error de comprarle un refresco en su maldito puesto de salchichas asquerosas en New York. Se deshizo entonces en mil disculpas que por fortuna ya no llegué a escuchar, pues me puse mis auriculares, subí el volumen del reproductor al máximo y lo mandé, a mi manera, a la mierda.

El puto amo de la novela de aventuras


Domingo, Octubre 9, 2016


Ya lo dijo el gran Guardiola, ex entrenador del Fútbol Club Barcelona, “el puto amo”, y si bien no se refería al autor barcelonés, no encuentro otra definición mejor para él, porque Fernando Gamboa es, hoy por hoy, el puto amo de la novela de aventuras.

Con su primera obra,  La última cripta, y a pesar de las características que acompañan a casi toda obra primeriza de un autor, ya me enamoró, pero con Ciudad Negra me ha acabado de conquistar completamente. 

Si pongo la máquina de la memoria en modo de rebobinar no encuentro una novela de aventuras que me lo haya hecho pasar tan bien como ésta en años. No sé ni qué decir de ella, porque lo único que me sale es pum, pim, clas, y subió, y se cayó, y entonces se escapó con un paracaídas que había convertido en dirigible, y ella le dio un beso, y pam, y pom, y un tiro, y ufff,…! Pulsa aquí para seguir leyendo 

Entre la certeza de la guerra y la incertidumbre de la paz


Martes, Septiembre 27, 2016

Credit Mauricio Duenas Castaneda/European Pressphoto Agency
Dice el artículo de New York Times, del que proviene esta imagen, que “A días del plebiscito, Colombia se debate entre la certeza de la guerra y la incertidumbre de la paz”, y en ese debate yo sólo puedo apostar por la incertidumbre de la paz, con todo lo malo que eso conlleve, orgullo tragado, rendición, desconfianza, …, porque creo que una mala paz se puede corregir en el tiempo y siempre será mejor que la certeza de la guerra. 

Lo que ocurre en Colombia estos días es un milagro, pues lo normal es que pase al revés, que a la gente la metan en las guerras los dirigentes malnacidos que sólo miran por sus intereses sin preguntar, y que en esas batallas egocéntricas por cuotas de poder arrastren a cientos de miles de vidas de inocentes, porque no nos engañemos, en las guerras siempre mueren los mismos, los inocentes.

Sin embargo ahora, en Colombia, ocurre lo contrario, a esos cientos de miles de inocentes les van a preguntar si desean seguir siendo carne de cañón o prefieren pasar por el cedazo del perdón, de la rendición, de la bajada de pantalones, de cómo quieran llamarlo, pero por primera vez en toda mi vida, y ya van casi cinco décadas (menos de lo que estos hijoeputas llevan dándose plomo), asisto atónito a una consulta popular para decidir si se explora una vía de paz, imperfecta, por supuesto, o una guerra, y me sorprende que haya quien tenga dudas. Entiendo que hubieran querido más, más compromiso de los asesinos, más castigo, más de todo, pero ese listón nunca estará a una altura que contente a todos, es sencillamente imposible porque cuando mueren personas se genera tanto odio en un lado como en el otro.

Veo a amigos colombianos que se debaten entre el orgullo del que sabe que tiene razón o la visión de un mundo mejor para las generaciones venideras, y dudan porque son muchos años de sangre acumulada.

Hace ahora trece años que mi vida se vio envuelta con la de una colombiana con quien he aprendido a vivir, y desde entonces mi entorno familiar se ha llenado de colombianos, mis hijos, mi familia, amigos, decenas de viajes a tan maravillo país que hacen que sienta este momento con orgullo casi como si fuera mío.

Recuerdo la primera vez que viaje a Colombia, como mis amigos me advertían de que era un país peligroso, de que tuviera mucho cuidado, las miles de bromas, que aún hoy se repiten, sobre si a mi regreso de esos viajes puedo traer una bolsita de coca que nos saque a todos de la miseria, bromas que los colombianos resisten en cada conversación. Películas de Hollywood donde los malo-malísimos son colombianos, escenas de Bogotá como si fuera el mismísimo infierno, el peso y la vergüenza de pedir visado para cada maldito país del mundo como si fueran criminales, y de ser los últimos en salir de la zona aduanal tras soportar mil y un registros en cada puto aeropuerto en el que aterrizan. Pequeños daños colaterales de este conflicto que los colombianos llevan con resignación como un vestido más. 

Colombia es un país como cualquier otro, con gentes buenas y malas, muy buenas y muy malas, y regulares, la gran mayoría, pero tiene algo que muchos otros países han perdido, y son las buenas maneras. Es difícil encontrar colombianos maleducados, es difícil encontrar colombianos sin preparación académica, es difícil encontrar colombianos que no respeten el orden de las familias. Ahora todas estas personas, las que han vivido el conflicto por la televisión, las que les han quitado sus tierras, las que han visto como se llevaban a sus hijos secuestrados al monte, las que han visto como la policía metía en sacos a sus familiares para cobrar la cuota que el anterior gobierno ofrecía por cabeza de terrorista, las que opinan sin haber probado nunca unas botas de goma (como yo) han de decidir si desean seguir con eso o ver a los terroristas campando por las calles como ciudadanos de pro. No es una elección fácil, no, pero es una elección y creo firmemente que los pueblos tienen derecho a decidir su futuro en las urnas, no con las armas, ni bajo la fuerza de los poderosos.

Hoy Colombia puede dar un ejemplo brutal al mundo y dejar de ser los parias de los aeropuertos internacionales para convertirse en el país que votó por el perdón en lugar de la venganza. Hoy Colombia puede dejar de un plumazo toda la basura acumulada en décadas bañadas de sangre y ser el puntero mundial de la paz, cambiar el fusil, las botas de goma y la hoja de coca por una paloma y su ramita de olivo, que por jodida y vieja que esté la puta paloma, siempre será la mejor de las alternativas.

Un dinosaurio entre guepardos


Martes, Agosto 30, 2016

He tenido la fortuna en estos días de realizar un par de vuelos intercontinentales y he podido ver algunos comportamientos que, no por ser de lo más habituales, no me han dejado de llamar la atención. También he tenido la oportunidad de charlar con personas de la industria editorial y sus palabras me han dado pie a compartir con vosotros esta reflexión personal.

Como decía, hablando con agentes, editores, y personas de la industria, la mayoría coincidía en que una de las causas de la crisis actual de su negocio es la caída masiva de lectores, algo con lo que casi todo el mundo está de acuerdo, pero también existe una serie de causas internas provocadas por ellos mismos por el afán de vender y por vender cualquier cosa a cualquier precio.

Realmente no sé si se lee más o menos que antes, pero es fácil recordar que hace apenas unos años, con sólo dar una vuelta por los pasillos de un avión, las salas de espera de los aeropuertos, los transportes públicos o las toallas estiradas en las playas, uno veía a muchas personas leyendo. La mayoría, como yo, con ediciones económicas de bolsillo, pero dedicando parte de nuestro tiempo a sumergirse en un libro. Ahora, ese feo vicio ha sido sustituido por la tecnología, redes sociales, mensajería instantánea, música, podcast, vídeos, etc., que ofrecen entretenimiento inmediato de corta duración, ideal para estos espacios pero nefasto para la industria del libro. Es decir, nos encontramos con una sociedad que cada vez dispone de menos tiempo libre, y que además ese tiempo libre está cargado de urgencias contra las que la lectura no puede competir. 

Esto va creando una gran variedad de situaciones, algunas absurdas como la compra y recompra entre empresas editoriales para ver quién es más grande en un mercado polarizado y cada vez más pequeño. Como aquellos terratenientes a los que el río se les come la tierra y en lugar de pensar en poner una piscifactoría o cambiar de cultivo, se dedican a comprar la tierra de los vecinos para poder decir que siguen siendo los más importantes del valle… Son muchos los directivos y editores que no han tenido más remedio que claudicar y quedarse o acabar abandonando estas empresas editoriales mastodónticas para tirar adelante sus propias ideas, de ahí una parte de la proliferación de pequeñas editoriales y agencias dedicadas a temas muy particulares, casi todas con la esperanza de ser los descubridores del próximo éxito de Canción de Fuego y Hielo. Mimbres de una industria que han comprendido que el único destino para un dinosaurio en época de guepardos es la extinción.

Me confesaban que hasta hace unos años un gran éxito era vender tres o cuatro millones de ejemplares de un libro, mientras que ahora, si llegan a un millón es algo totalmente inusitado.

Otra solución de la industria es el precio. Sabedores de que un libro dura en cartelera apenas un par de semanas, lo que vienen haciendo muchos directivos de estas grandes editoriales para mantener sus estatus es capturar autores reconocidos de antes de la crisis, como si fueran pokemons, y vender sus libros, sin importar la calidad de los mismos, a precios desorbitados de forma que con las primeras tiradas cubran las expectativas de lo que sería una edición completa.

El ego de algunos escritores, que no han comprendido nada del cambio que está sufriendo su negocio, y el inmovilismo extremo de los libreros, son dos patas más de este ciempiés maldito. Sindicatos, o asociaciones de libreros que amenazan a las editoriales con retirar sus libros de los escaparates si estas editoriales deciden compartir la distribución con otros canales, como la venta electrónica, por ejemplo, y cuyas actitudes me recuerdan a esos niños que si no les dejaban jugar de delanteros en el colegio se llevaban la pelota o la chutaban hasta colarla en algún tejado vecino para que no jugara nadie.

La piratería, además, se ha cebado en la falta de escrúpulos de los usuarios y la ignorancia profunda de los legisladores, haciendo más daño todavía en unas tierras yermas ya agitadas por el terremoto del cambio.

Otra de las curiosidades de este momento absurdo, y que puede acabar con una de las industrias más importantes desde que Gutenberg inventara la imprenta allá por el siglo XV, es que por primera vez en la historia parece haber más escritores que lectores. Me decía una reconocida agente literaria que le llegan miles de manuscritos, muchos de ellos además de escritores que reconocen no haber leído un libro en su vida, y muchos de ellos también que no tienen idea de escribir, pero que aprovechan su presencia mediática para vender libros que ni siquiera han escrito, o que han escrito con el cu.. Y sin embargo la industria les hace caso y los publica sabedores de que la primera tirada, a precios bien altos, cubrirá los gastos de la edición y todavía les dejará algo. Por fortuna en muchos casos estos éxitos frugales sirven de bálsamo para que otros menos rentables, o no rentables, podamos publicar, pero también es cierto que no son pocos los directivos acojonados que se aferran a un nombre conocido y firman cualquier cosa para mantener su estatus y cubrir una hoja de Excel con las ventas de algo que se parece a un libro porque tiene páginas. Directivos, objetivos y burocracia, más nódulos cancerígenos en un cuerpo débil. 

La industria editorial está agitada. La sombra de Amazon y su amenaza de incurrir donde está, todavía, el pastel más grande del mercado, la distribución e impresión física de libros, se cierne sobre los libreros y los editores y los hace correr como pollos descabezados en un ataque zombie. 

Me decían que otro de los grandes problemas con que se están encontrando es que no saben cómo decir a un autor bueno, consagrado, de éxito, que su nueva novela es una porquería, y que valorando el riesgo de perder esas firmas consagradas prefieren seguir publicando basuras con nombres de escritores mediáticos o consagrados. Otro mal más que añadir al pobre perro ya plagado de pulgas.

Ahora bien, aún con todos estos males y reconociendo la ineptitud de algunas editoriales, libreros, escritores y toda la amalgama de autores que participan (o participamos) en la industria, el mayor mal que los asola es que se lee poco y se compra menos, algo que, o combatimos cambiando nuestros hábitos, nuestra exigencia y obligamos a que haya una línea de la que no se permita bajar, o acabaremos leyendo folletos publicitarios encuadernados con tapa dura… Eso sí, con portadas de tipas y tipos de torsos perfectos y curvas suntuosas como las de una gráfica de Excel. 

Segunda temporada de La hora amazónica


Lunes, Agosto 8, 2016

Queridos amigos,

Comparto con vosotros el primer programa de la segunda temporada de La hora amazónica, presentado por la escritora Blanca Miosi, donde charlamos durante un rato muy agradable sobre libros, autores, e incluso sobre el próximo presidente de los Estados Unidos, ¡el hombre naranja!. Espero que os agrade.


La hora amazónica es un programa presentado por la escritora Blanca Miosi y dirigido por Freddy Piedrahíta para Radio Voces Unidas desde la Bahía de San Francisco. Os esperamos todos los viernes a las 20:00 horas en horario UTC/GMT.

Jordi Díez: 'La Virgen del Sol'


Miércoles, Julio 6, 2016

Hoy es uno de esos días en que te despiertas con una sonrisa sin saber muy bien porqué, hasta que abres tu computadora y te encuentras con un artículo como éste, de la mano de Pedro Araque en su blog La Libretería, al que agradezco profundamente sus palabras. De hecho, son tan halagadoras que no he podido resistir la tentación de bañarme en ellas.

Jordi Díez: 'La Virgen del Sol'


Con 'La Virgen del Sol' Jordi Díez ha terminado de conquistarme. Literariamente, claro. Su punto más místico que religioso, más pegado a la filosofía y las creencias que a los ritos, me pone. Literariamente, por supuesto. 'La Virgen del Sol está ambientada en los desconocidos tiempos del incanato y más concretamente en los de la construcción de la mágica Cuzco que, en este relato, coinciden con los de la edificación del misterioso Templo del Sol del Machu Picchu. Licencias de autor que justifica en el epílogo.

Mientras cuenta una historia que seduce y emociona, aporta con facilidad grandes dosis de conocimiento e historia. Construye sobre los cimientos de un lenguaje que te transporta al momento, al lugar y a sus gentes. Tras su lectura te costará resistir la tentación de correr inmediatamente hacia los lugares, que no a los tiempos, de los que ha hablado. En 'La Virgen del Sol', Jordi es más Jordi que en El Péndulo de Dios... Pedazo de escritor. Este es un pasaje literal de esta novela:



"Vestía una túnica blanca sacrílega, de uso restringido a las vírgenes del Sol, que saltaba a la vista no era de su talla. Uno de los tirantes que debían cubrirle los hombros resbalaba por su brazo derecho, dejando a la vista dos pequeños granos de maíz rosado. La correa que le ceñía la cintura creaba tal pliegue de ropa que hubiese bastado para confeccionar un vestido a su medida. Los pies, desaparecidos. A un movimiento de su mano, un soldado descubrió el rostro de la niña, oculto tras una reluciente melena negra".

"Si Rascar Capac había creído que la noticia del Inca iba a ser la mayor sorpresa del día, sin duda andaba bien errado. Tantas señales en un solo día no podían ser fruto de la casualidad. Inti lo estaba mirando a los ojos, reconoció en aquellas dos luces toda la fuerza de Mama Ocllo, la hija del Dios Creador Viracocha, la primera mujer en habitar la Tierra, la esposa de Manco Capac. A punto estuvo de postrarse a los pies de aquella niña, pero consiguió mantener la compostura necesaria para mostrarle, con un giro de cabeza, el camino que debía seguir tras él".

El fallo, Antonis Samarakis


Jueves, Junio 9, 2016

Magistral, una novela en la que no pasa nada, en la que la acción se sitúa en la mayor de las normalidades, en la que los protagonistas, el espacio, el entorno, e incluso los diálogos son lo más cotidianos y anodinos que uno pueda imaginar, y en la que en realidad ocurre todo. La vida ante la mirada del lector que, cuando acaba la novela, ha de frotarse los ojos para salir del espejismo en que el señor Samarakis lo ha sumido sin darse cuenta.



Sigue leyendo...

Powered by Feed Informer